El madroño (Arbutus unedo) es un arbusto o pequeño árbol de hoja perenne, propio de la región mediterránea. Sus hojas son verdes y brillantes, sus flores blancas o rosadas tienen forma de pequeñas campanillas y sus frutos, redondos y rugosos, pasan del amarillo al rojo intenso cuando maduran, normalmente en otoño. Aunque son comestibles, conviene no abusar de ellos, ya que cuando están muy maduros pueden contener cierta cantidad de alcohol producido por la fermentación de sus azúcares.
Pero el madroño es mucho más que un árbol bonito. Sus flores proporcionan néctar a los insectos cuando muchas otras plantas ya han dejado de florecer, mientras que sus frutos alimentan a aves y mamíferos, es decir, es una auténtica despensa otoñal del bosque mediterráneo
La mariposa del madroño (Charaxes jasius) es una de las mariposas diurnas más grandes y llamativas de Europa. Sus alas combinan tonos marrones, negros y anaranjados, con pequeñas manchas azuladas y unas prolongaciones que parecen colitas.
Su curiosidad más interesante es que sus orugas se alimentan principalmente de las hojas del madroño. La mariposa adulta, en cambio, busca líquidos azucarados de frutas maduras y otras fuentes de alimento. Es un ejemplo precioso de la estrecha relación entre una planta y un insecto.
El famoso escudo madrileño del oso y el madroño tiene un origen medieval. Según la tradición histórica, en el siglo XIII surgió un conflicto entre el Concejo de Madrid y el Cabildo eclesiástico por el aprovechamiento de los terrenos comunales. El acuerdo atribuyó al Cabildo los pastos y al Concejo los árboles y la caza. La tradición explica que el emblema municipal pasó a representar al animal erguido junto al árbol, mientras que el Cabildo conservó el oso en su propia simbología. Así se habría simbolizado la diferencia entre los derechos sobre los pastos y los aprovechamientos forestales.
Hay, además, un pequeño misterio botánico: no está claro que el árbol representado originalmente fuese realmente un madroño. Se ha propuesto que pudiera tratarse de otro árbol de la zona, como el almez. La identificación con el madroño terminó consolidándose en la tradición popular y heráldica.
Las siete estrellas que rodean el escudo completan su personalidad. La imagen se hizo tan popular que en 1967 el escultor Antonio Navarro Santafé realizó la conocida estatua de bronce de la Puerta del Sol, convertida desde entonces en uno de los símbolos más reconocibles de Madrid.
Así que el madroño une tres mundos fascinantes: la biodiversidad mediterránea, la historia de los jardines reales y la memoria medieval de una ciudad. Y, mientras el oso madrileño parece vigilar su árbol, una mariposa de colores espectaculares puede estar alimentándose de sus hojas.












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