Un programa de enseñanza no formal del Centro de Educación de Personas Adultas "El Inestal" para la competencia en el conocimiento y la interacción con el mundo físico
viernes, 23 de octubre de 2026
El madroño y la mariposa del madroño
martes, 31 de octubre de 2023
lunes, 17 de abril de 2023
El Lamio y la Fumaria
La Fumaria officinalis se llama así porque su zumo se empleaba para provocar el lagrimeo y eliminar así la visión borrosa, que es como un humo que nubla la vista. Esta es una planta que prospera en suelos muy pobres, pero también es una escaladora nata puesto que se encarama fácilmente a los muros viejos de ladrillos. Puede crecer de manera continua y lenta en los meses más fríos del año e incluso a temperaturas muy bajas. Tiene unas hojas de un bonito tono glauco muy divididas, al estilo de la zanahoria o el perejil. Las flores son rosadas, fucsias o violáceas. Aparece principalmente en primavera aunque también en otras estaciones. No atrae a muchos polinizadores pero esto no es necesario ya que la Fumaria tiene la capacidad de autofecundarse. Cuando arraiga en sitios muy umbríos, sus flores se colorean de tonos más pálidos, incluso blanquecinos.
sábado, 24 de diciembre de 2022
La historia de las flores y de cómo han cambiado nuestra forma de vida
A lo largo de la historia, las flores han sido una parte integral de la supervivencia y la cultura humana: como alimento, como medicina, para expresar sentimientos, como símbolos, para conmemorar y celebrar, y para decorar. En este bellísimo libro, Noel Kingsbury relata, a través de cien flores que se abrieron paso hasta nuestros jardines, de qué modo está entrelazada la historia de las flores con la humanidad. Como él mismo afirma, el apetito por las flores perdurará a través de los siglos en los corazones humanos.
Es indudable que las formas de las flores, sus colores, aromas y texturas siempre nos han atraído. Las flores se utilizan como especias de lujo y como agentes colorantes y aromatizantes. Están llenas de significado simbólico: las violetas representan la modestia, las margaritas la pureza y los narcisos el amor no correspondido. Y siempre han tenido un papel importante en la cultura a través de los mitos y leyendas, la literatura y las artes decorativas. Es imposible no sentir curiosidad por descubrir las historia que hay detrás de cada flor.
La historia de las flores
El autor de La historia de las flores y de cómo han cambiado nuestra forma de vida, Noel Kingsbury, explica en su introducción, que en las historias que se relatan en su libro ha puesto énfasis en la historia de cada una como planta cultivada. En él aparecen sobre todo flores de los climas templados fríos de Europa, América del Norte y el este de Asia. Claro que, también se habla de algunas flores que provienen de climas más cálidos, como el pelargonio que ilustra la portada del libro y que acompaña a la historia de los populares geranios en los balcones mediterráneos.
La idea de Noel Kingsbury es presentar las flores que pueden resultar más familiares a los lectores, ya sea como plantas de jardín o como flores silvestres que son populares porque crecen comúnmente en grandes regiones. También resultan familiares aquellas flores que suelen utilizarse para arreglos flores y que se pueden adquirir en floristerías y en otros puntos de venta.
El autor también menciona en la introducción una frase del célebre paisajista brasileño Roberto Burle Marx: “cuando le das a alguien un ramo de flores, le estás regalando un ramo de órganos sexuales”, para destacar que hoy en día todos sabemos que las flores están relacionadas con la reproducción. Pero lo cierto es que no siempre ha sido así, y hasta el siglo XVI nadie fue consciente de ello.
Las flores se presentan en orden histórico
Las cien flores aparecen en el libro en un orden histórico bastante aproximado y, dentro de cada periodo, se disponen alfabéticamente por su nombre científico.
Ese recorrido histórico comienza con el mundo clásico de las antiguas Grecia y Roma. De ahí se pasa al mundo postromano, incluyendo la dinastía Tang de China y algunas de las numerosas flores favoritas de ese periodo, que se cultivaron durante mucho tiempo.
La historia continúa en la Edad Media en Europa, época que deja grandes perlas en forma de flor, ya que el mundo islámico desarrolló una rica cultura de la jardinería, que compartió cada vez más con Europa.
El tiempo que trascurre entre la Edad Media y el palpitante siglo XIX está protagonizado por el periodo Edo en Japón, en el que la jardinería se convirtió en una obsesión en un país cuya población era relativamente próspera.
Y llegamos al siglo XIX, época en la que se introdujeron una gran variedad de plantas en Europa y América del Norte que provenían de todo el mundo. A partir de entonces, la jardinería se convirtió en una afición para el público en general en los países recién industrializados. Lo que vendrá a lo largo del siglo XXI está por ver.
La historia de las flores es realmente un libro encantador. Se destinan dos páginas a cada flor. En una página aparecen los datos sobre cada especie y se relata el papel que ha jugado en nuestra cultura e historia. En la otra página, aparecen las correspondientes ilustraciones de la jardinera e ilustradora Charlotte Day, que son, por cierto, bellísimas y botánicamente precisas.
Sobre los autores
Noel Kingsbury es diseñador de jardines y autor sobre temas de jardinería y ciencias de las plantas. Es conocido por su promoción del diseño naturalista de plantaciones y paisajes y por sus colaboraciones con el paisajista holandés Piet Oudolf. Colabora con The Daily Telegraph, Gardens Illustrated y The Garden. Este mismo año ha publicado también dos extraordinarios libros: Wild. The Naturalistic Garden y Gardens Under Big Skies.
Charlotte Day se formó en Jardinería y se convirtió en ilustradora a causa de su profunda fascinación por las flores. Crea hermosas obras de arte inspiradas en la botánica.
El libro La Historia de las flores se publicó el 7 de noviembre de 2022. Si tienes que hacer un regalo, este libro puede ser una buena elección. Si quieres regalártelo tú, también.
martes, 13 de diciembre de 2022
Flores amarillas del otoño
El otoño, esa segunda primavera, nos ha traído algunas flores amarillas que podemos observar en nuestro entorno cercano.
lunes, 21 de noviembre de 2022
Sonchus oleraceus - Cerraja
La cerraja es una de esas plantas a las que nadie mira pero que crece en aceras y solares, donde no tiene tanta competencia de otras plantas. Puede vegetar en una variedad de tierras muy amplia y fue una de las plantas pioneras en prosperar en el Londres de 1943 arrasado por las bombas.
Sus hojas son muy llamativas por su tamaño y por su dentado. De altura mide de uno a tres tetrabriks, aunque a veces puede ser más alta. Tiene la posibilidad de florecer en cualquier momento del año, con unas inflorescencias de color amarillo muy intenso.
Sus semillas son unas grandes voladoras. Como también hace el diente de león, las ha equipado con unos paracaídas que son capaces de llevarlas muy lejos y además produce un montón de ellas por planta. Se han llegado a contar hasta 6.136 en una sola planta de tamaño habitual pero hasta 40.000 en una de talla grande.
La cerraja se suele confundir con el diente de león pero son plantas muy distintas, ya que, la primera, a diferencia del segundo, forma un tallo alto y hueco y sus hojas no crecen pegadas al suelo.
Tiene raíces comestibles para los humanos. También hay muchos adeptos a comer sus hojas en las de una docena de países del Mediterráneo. Las emplean en tortilla o ensaladas, entre otras recetas. La receta más famosa en la que participa es a del preboggion italiano, del que es base indispensable. Consiste en hervirla, junto a otras muchas hierbas silvestres, y aderezarlas con aceite y limón. Este preboggion también sirve como relleno de un tipo de raviolis tradicionales de Liguria.
Como tiene una savia lechosa, se pensaba que sería capaz de estimular la producción de leche. Así se utilizaba con este propósito, tanto en mamás animales como en mamás humanas.
Sus hojas en cataplasma han servido para curar picaduras de escorpión y los hinchazones producidos por un golpe. Pero su lista como planta medicinal es muy larga, ayundado a curar la gota, hemorroides, catarros y gripes, heridas, ardores de estómago, verrugas...
lunes, 14 de noviembre de 2022
El Tejo común (Taxus baccata)
Entre todo lo que se descubrió en la tumba de Ötzi, el hombre de hielo cuyo cadáver momificado de 5.300 años de antigüedad fue descubierto en el Tirol, se encontraban un hacha de cobre con empuñadura de tejo y un arco largo, no terminado, en duela de tejo. Las asociaciones místicas, mitológicas, militares y médicas de las civilizaciones occidentales con el tejo, uno de los árboles más longevos con los que hemos compartido el planeta, han sido prolongadas. En Clacton, en la costa de Anglia Oriental (Inglaterra, se recobró una lanza de tejo de, al parecer, más de 200.000 años de existencia; y entre los animales representados en las paredes del conjunto de cuevas de Lascaux, Francia, se pueden apreciar pinceladas que han sido aribuidas a ramas de tejo.
Más allá de esto, las plantas que resultan tóxicas con una dosis también pueden tener potencia medicinal, si esa dosis se reduce. En consecuencia, durante miles de años se han usado extractos de tejo para combatir numerosas dolencias. Esto no se ha mantenido únicamente como parte de los sistemas curativos tradicionales, sino que se han convertido en populares y ortodoxos medicamentos contra el cáncer. El paclitaxel, producido por el tejo, sustancia empleada en quimioterapia, tiene una estructura molecular tan compleja que resulta poco rentable sintetizarla artificialmente, así que la demanda de corteza de tejo se disparó desde el descubrimiento de las virtudes de esta sustancia, poniendo a este árbol en peligro.
sábado, 12 de noviembre de 2022
Hyoscyamus niger
El género Hyoscyamus pertenece a
la familia Solanaceae e incluye diecisiete especies, de las cuales las más común y
utilizada en Europa es el beleño negro (H. niger L.). Según algunos autores el
beleño fue la especie más popular medicinal y ritualmente en Europa en la
antigüedad. Mencionado por los antiguos egipcios en los papiros de Eber (1500
a.C.), así como por por Plinio y Dioscórides, quien lo prescribía como
somnífero y analgésico ya en el siglo I.
Las especies del género Hyoscyamus son altamente tóxicas y provocan pérdida de control muscular, dilatación de pupilas, palpitaciones, alucinaciones y en altas dosis convulsiones, coma y parada cardiaca. Contienen alcaloides psicoactivos como la atropina, escopolamina y sobre todo hiosciamina en toda la planta, aunque la mayor concentración se encuentra en las semillas. En medicina moderna la hiosciamina o la escopolamina tienen aplicaciones como antiespasmódicos y para tratar algunos problemas intestinales, neuralgias y los temblores provocados por el Parkinson. La escopolamina es utilizada para aliviar las náuseas y vómitos postoperatorios, para reducir la secreción de saliva en enfermos terminales y se prescribe en forma de pastillas o parches para tratar los mareos provocados al viajar.
Datura stramonium
Estupidez y sensacionalismo. La
amalgama de estos dos ingredientes en generosas dosis es suficiente para
convertir a una planta que ha crecido durante los últimos siglos en nuestro
entorno más inmediato, pasando prácticamente desapercibida, en poco menos que
el enemigo público número uno. Es el estramonio o Planta del Demonio (Datura
stramonium), una planta psicoactiva presente en casi todo el mundo con una
intensa historia de relación con el hombre que poco tiene que ver con la
frívola orquesta mediática de la que últimamente es objeto. Tradicionalmente se
creyó que había formado parte del repertorio de plantas mágicas de las brujas
medievales europeas, aunque se acabó demostrando que ello no era factible, pues
el estramonio es originario del continente americano y era desconocido para los
europeos anteriores al descubrimiento. Posiblemente lo que utilizaron las
hechiceras en sus untos fuese la Datura metel, planta muy cercana al estramonio
originaria de Eurasia. Para su consumo elaboraban con manteca, estramonio y
otras hierbas alucinógenas, como belladona o mandrágora, una especie de
ungüento que se aplicaba por vía tópica. En una cita del siglo XV recogida
por Antonio Escohotado en su Historia de
las drogas se dice: «El vulgo cree, y las brujas confiesan, que en ciertos
días y noches untan un palo y lo montan para llegar a un lugar determinado, o
bien se untan ellas mismas bajo los brazos, y en otros lugares donde crece
vello, y a veces llevan amuletos entre el cabello». De lo antiguo de su uso en
Europa nos hablan hallazgos arqueológicos, como las semillas de Datura quemadas
encontradas en Hungría que demostraron que ya se utilizó en el Viejo Continente
hace miles de años. Uno de los primeros lugares en los que creció el estramonio
en la Europa moderna fue el jardín del herborista británico John Gerard, que
sembró unas semillas procedentes de Constantinopla a mediados del
siglo XVII. En Asia, sus propiedades son conocidas desde tiempos
inmemoriales. De hecho, en la India es considerada como una planta sagrada y
enteógena y, según el Vamara Purana,
el estramonio o Locura Divina rezuma del pecho de Shiva. En Indonesia, según la
tradición, las mujeres traicionadas vengaban la infidelidad de sus amantes con
un insospechado método: alimentaban escarabajos con hojas de estramonio y
posteriormente mezclaban los excrementos de estos con la comida que daban al infiel.
El desdichado acababa perdiendo el juicio. Su uso psicoactivo también está
documentado en Nepal, en Tanzania y en Haití, lugar este último donde se le
relaciona con el antídoto que se ofrecía a los zombis, es decir, a las víctimas
de la zombificación, mediante sustancias que producen un estado de latencia
similar a la muerte. Pero, sin duda, donde más importancia han adquirido tanto
el estramonio como sus parientes las daturas es en Sudamérica. El uso de estas
plantas en rituales mágicos entronca de lleno con el chamanismo y con la
cosmogonía de numerosos pueblos sudamericanos. Se trata de especies que forman
parte del reducido elenco de drogas tan respetadas como temidas, solo al
alcance de chamanes ya iniciados y vetadas al resto de los mortales. En la
cuenca del Cuyabeno, en la Alta Amazonía, el hijo del chamán don Alberto nos
contó cómo durante su rito iniciático en el chamanismo pasó varios días atado
para soportar el trance producido por el temido y respetado «floripondio» o Brugmansia arborea, planta directamente
emparentada con el estramonio. Desde entonces solo lo utilizaba en casos que
mereciesen justificadamente el arriesgado viaje. Gran parte de las sustancias
psicoactivas del estramonio son alcaloides tropánicos, responsables del
síndrome atropínico que puede afectar a quienes consumen cualquier parte de la
planta y que, frecuentemente, puede desembocar en el coma y en la muerte. Otros
alcaloides producen un delirio alucinatorio que puede llegar a prolongarse
durante días. Yendo aún más allá, las tradiciones de los pueblos indígenas de
Sudamérica aseguran que puede hacer perder el juicio definitivamente.
Pese a sus extraordinarias propiedades químicas, el estramonio es bastante ordinario en cuanto a su abundancia y hábitos pues posee dos características que lo han convertido en una planta extremadamente frecuente en cualquier rincón templado del mundo. La primera es que es una planta amante de los suelos cargados de nitrógeno, es decir, de suelos alterados, con presencia de ganado, de aguas contaminadas, de estercoleros, de basureros, de linderos de cultivos… lo que le ha facilitado adueñarse de un entorno cada vez más propicio para ella. La segunda característica es que ni los herbívoros salvajes ni el ganado doméstico se alimentan de ella, por lo que en lugares en los que el resto de herbáceas anuales han de enfrentarse a un ramoneo que limita su crecimiento, el estramonio —que alcanza hasta un metro en dos meses— se apodera rápidamente del terreno. Cunetas, solares, terrenos abandonados, taludes, escombreras… son hábitats en los que el estramonio se encuentra cómodo. Pero también son lugares demasiado cercanos a hábitat humano, y su presencia en ellos hace posible que, gracias a los ingredientes a los que nos referíamos al principio, se desate la psicosis en un momento dado. El primero de los dos elementos es la estupidez de unos jóvenes con tantas ganas de fiesta como escasa cordura, a los que alguien les había dicho que otro alguien a su vez aseguraba que aquella planta de blancas flores atrompetadas que crecía en la escombrera, junto a la casa en ruinas donde celebraban la rave, era alucinógena. «Alucinógeno», para alguien tremendamente desinformado sobre el tándem causas-efectos que cualquier aspecto de la vida tiene, puede ser sinónimo de diversión y de promesa lisérgica. Aunque en la vida real, y en solo cuestión de minutos, también puede serlo de ingreso urgente en un hospital para lavado de estómago a un paso de la muerte.
En ese punto se activa el segundo ingrediente, el sensacionalismo. Concretamente, el de unos medios más interesados en crear titulares efectistas que crónicas rigurosas y a los que no les avergüenza lo más mínimo encender una mecha en la que se suceden alcaldes, expertos en toxicología, policías y herboristas alertando sobre los peligros de una planta a la que nadie había prestado nunca atención y que ahora amenaza con convertirse en una nueva droga incontrolable. La tormenta mediática no hace sino generar el efecto reflejo entre otros jóvenes que, en otros lugares, siguen el ejemplo de los primeros, y que, incomprensiblemente, proceden también a intoxicarse con estramonio. A partir de entonces, la psicosis está servida y se desencadena una absurda persecución de estramonios en la que asociaciones de vecinos denuncian «plantaciones de la droga» en solares de sus barrios, la policía procede a «desmantelarlas» y los medios de comunicación a cubrir la delirante secuencia, retroalimentando, de paso, la psicosis. Nadie repara en que, para que una planta de estramonio perjudique a una persona, antes ha de ser ingerida por ella. Ni en que, a nuestro alrededor, en nuestros parques, jardines y arcenes, crecen y plantamos plantas considerablemente más peligrosas cuyo consumo es irremediablemente letal, como la adelfa, la melia, la cicuta, la thuya, etc… Y no seguimos porque nada más lejos de nuestra intención que despertar contra otras plantas una caza de brujas parecida a la desatada contra el estramonio. El verano, la época en la que podemos ver estramonios, pasó, y en otoño el terror a la Planta del Diablo comenzó a remitir. Ahora que policías y vecinos avispados habían aprendido a identificar a la planta maldita, esta se desprende de sus hojas y va desapareciendo por efecto de las heladas y de su ciclo biológico anual. Su presencia se va desvaneciendo de los solares y de las mentes, en las que próximamente dejará de existir. Pero en los esqueletos desnudos de lo que en verano fueron exuberantes y floridos estramonios se abren las espinosas cápsulas, dejando caer cientos de semillas negras que, ya en primavera, darán lugar a otra generación de plantas igual o más numerosa que la del verano pasado. Y a las que probablemente nadie prestará la más mínima atención —o quizá sí—. Y seguramente sea fruto de la imaginación, pero en algunas de las cápsulas abriéndose parece intuirse un rictus socarrón y cínico. Como burlándose de una especie cuya irracionalidad nunca deja de sorprender.
miércoles, 9 de noviembre de 2022
Aesculum hippocastanum y Castanea sativa
Peñaranda de Bracamonte, como casi todas la ciudades europeas, cuenta entre sus árboles de jardín con el Aesculum hippocastanum, comúnmente conocido como el Castaño de Indias. Lo cierto es que esta especie no tiene nada que ver con el castaño silvestre de la Sierra de Francia, Castanea sativa, ni tampoco ha venido de las Indias, teniendo su origen en el sudeste de Europa, en los Balcanes. El nombre de la especie, hippocastanum, tiene su origen en la costumbre que tenía los turcos de dar a sus caballo las castañas de este árbol para curarles del asma y aliviarles de la tos. Por otro lado, supongo que todos sabemos que las castañas de este árbol son incomestibles para los humanos.
















































