sábado, 12 de noviembre de 2022

Hyoscyamus niger

El género Hyoscyamus pertenece a la familia Solanaceae e incluye diecisiete especies, de las cuales las más común y utilizada en Europa es el beleño negro (H. niger L.). Según algunos autores el beleño fue la especie más popular medicinal y ritualmente en Europa en la antigüedad. Mencionado por los antiguos egipcios en los papiros de Eber (1500 a.C.), así como por por Plinio y Dioscórides, quien lo prescribía como somnífero y analgésico ya en el siglo I.

Conocido como “la hierba de las brujas”, durante la Edad Media el beleño alcanzó una gran relevancia al ser utilizado por magos y curanderos en fumigaciones y en la preparación de brebajes, filtros amorosos y ungüentos. La atropina, uno de los alcaloides que se encuentran en el beleño, es fácilmente absorbido a través de la piel al mezclarlo con grasa, por lo que fue muy utilizado en ritos mágicos por sus efectos alucinógenos. La inhalación del humo resultante de quemar sus semillas o la exposición cutánea o vaginal a ungüentos que la contenían producían la sensación de volar, siendo posiblemente este el motivo de que se representara a las brujas volando en escobas.

Las especies del género Hyoscyamus son altamente tóxicas y provocan pérdida de control muscular, dilatación de pupilas, palpitaciones, alucinaciones y en altas dosis convulsiones, coma y parada cardiaca. Contienen alcaloides psicoactivos como la atropina, escopolamina y sobre todo hiosciamina en toda la planta, aunque la mayor concentración se encuentra en las semillas. En medicina moderna la hiosciamina o la escopolamina tienen aplicaciones como antiespasmódicos y para tratar algunos problemas intestinales, neuralgias y los temblores provocados por el Parkinson. La escopolamina es utilizada para aliviar las náuseas y vómitos postoperatorios, para reducir la secreción de saliva en enfermos terminales y se prescribe en forma de pastillas o parches para tratar los mareos provocados al viajar. 

Datura stramonium

Estupidez y sensacionalismo. La amalgama de estos dos ingredientes en generosas dosis es suficiente para convertir a una planta que ha crecido durante los últimos siglos en nuestro entorno más inmediato, pasando prácticamente desapercibida, en poco menos que el enemigo público número uno. Es el estramonio o Planta del Demonio (Datura stramonium), una planta psicoactiva presente en casi todo el mundo con una intensa historia de relación con el hombre que poco tiene que ver con la frívola orquesta mediática de la que últimamente es objeto. Tradicionalmente se creyó que había formado parte del repertorio de plantas mágicas de las brujas medievales europeas, aunque se acabó demostrando que ello no era factible, pues el estramonio es originario del continente americano y era desconocido para los europeos anteriores al descubrimiento. Posiblemente lo que utilizaron las hechiceras en sus untos fuese la Datura metel, planta muy cercana al estramonio originaria de Eurasia. Para su consumo elaboraban con manteca, estramonio y otras hierbas alucinógenas, como belladona o mandrágora, una especie de ungüento que se aplicaba por vía tópica. En una cita del siglo XV recogida por Antonio Escohotado en su Historia de las drogas se dice: «El vulgo cree, y las brujas confiesan, que en ciertos días y noches untan un palo y lo montan para llegar a un lugar determinado, o bien se untan ellas mismas bajo los brazos, y en otros lugares donde crece vello, y a veces llevan amuletos entre el cabello». De lo antiguo de su uso en Europa nos hablan hallazgos arqueológicos, como las semillas de Datura quemadas encontradas en Hungría que demostraron que ya se utilizó en el Viejo Continente hace miles de años. Uno de los primeros lugares en los que creció el estramonio en la Europa moderna fue el jardín del herborista británico John Gerard, que sembró unas semillas procedentes de Constantinopla a mediados del siglo XVII. En Asia, sus propiedades son conocidas desde tiempos inmemoriales. De hecho, en la India es considerada como una planta sagrada y enteógena y, según el Vamara Purana, el estramonio o Locura Divina rezuma del pecho de Shiva. En Indonesia, según la tradición, las mujeres traicionadas vengaban la infidelidad de sus amantes con un insospechado método: alimentaban escarabajos con hojas de estramonio y posteriormente mezclaban los excrementos de estos con la comida que daban al infiel. El desdichado acababa perdiendo el juicio. Su uso psicoactivo también está documentado en Nepal, en Tanzania y en Haití, lugar este último donde se le relaciona con el antídoto que se ofrecía a los zombis, es decir, a las víctimas de la zombificación, mediante sustancias que producen un estado de latencia similar a la muerte. Pero, sin duda, donde más importancia han adquirido tanto el estramonio como sus parientes las daturas es en Sudamérica. El uso de estas plantas en rituales mágicos entronca de lleno con el chamanismo y con la cosmogonía de numerosos pueblos sudamericanos. Se trata de especies que forman parte del reducido elenco de drogas tan respetadas como temidas, solo al alcance de chamanes ya iniciados y vetadas al resto de los mortales. En la cuenca del Cuyabeno, en la Alta Amazonía, el hijo del chamán don Alberto nos contó cómo durante su rito iniciático en el chamanismo pasó varios días atado para soportar el trance producido por el temido y respetado «floripondio» o Brugmansia arborea, planta directamente emparentada con el estramonio. Desde entonces solo lo utilizaba en casos que mereciesen justificadamente el arriesgado viaje. Gran parte de las sustancias psicoactivas del estramonio son alcaloides tropánicos, responsables del síndrome atropínico que puede afectar a quienes consumen cualquier parte de la planta y que, frecuentemente, puede desembocar en el coma y en la muerte. Otros alcaloides producen un delirio alucinatorio que puede llegar a prolongarse durante días. Yendo aún más allá, las tradiciones de los pueblos indígenas de Sudamérica aseguran que puede hacer perder el juicio definitivamente.

Pese a sus extraordinarias propiedades químicas, el estramonio es bastante ordinario en cuanto a su abundancia y hábitos pues posee dos características que lo han convertido en una planta extremadamente frecuente en cualquier rincón templado del mundo. La primera es que es una planta amante de los suelos cargados de nitrógeno, es decir, de suelos alterados, con presencia de ganado, de aguas contaminadas, de estercoleros, de basureros, de linderos de cultivos… lo que le ha facilitado adueñarse de un entorno cada vez más propicio para ella. La segunda característica es que ni los herbívoros salvajes ni el ganado doméstico se alimentan de ella, por lo que en lugares en los que el resto de herbáceas anuales han de enfrentarse a un ramoneo que limita su crecimiento, el estramonio —que alcanza hasta un metro en dos meses— se apodera rápidamente del terreno. Cunetas, solares, terrenos abandonados, taludes, escombreras… son hábitats en los que el estramonio se encuentra cómodo. Pero también son lugares demasiado cercanos a hábitat humano, y su presencia en ellos hace posible que, gracias a los ingredientes a los que nos referíamos al principio, se desate la psicosis en un momento dado. El primero de los dos elementos es la estupidez de unos jóvenes con tantas ganas de fiesta como escasa cordura, a los que alguien les había dicho que otro alguien a su vez aseguraba que aquella planta de blancas flores atrompetadas que crecía en la escombrera, junto a la casa en ruinas donde celebraban la rave, era alucinógena. «Alucinógeno», para alguien tremendamente desinformado sobre el tándem causas-efectos que cualquier aspecto de la vida tiene, puede ser sinónimo de diversión y de promesa lisérgica. Aunque en la vida real, y en solo cuestión de minutos, también puede serlo de ingreso urgente en un hospital para lavado de estómago a un paso de la muerte.

En ese punto se activa el segundo ingrediente, el sensacionalismo. Concretamente, el de unos medios más interesados en crear titulares efectistas que crónicas rigurosas y a los que no les avergüenza lo más mínimo encender una mecha en la que se suceden alcaldes, expertos en toxicología, policías y herboristas alertando sobre los peligros de una planta a la que nadie había prestado nunca atención y que ahora amenaza con convertirse en una nueva droga incontrolable. La tormenta mediática no hace sino generar el efecto reflejo entre otros jóvenes que, en otros lugares, siguen el ejemplo de los primeros, y que, incomprensiblemente, proceden también a intoxicarse con estramonio. A partir de entonces, la psicosis está servida y se desencadena una absurda persecución de estramonios en la que asociaciones de vecinos denuncian «plantaciones de la droga» en solares de sus barrios, la policía procede a «desmantelarlas» y los medios de comunicación a cubrir la delirante secuencia, retroalimentando, de paso, la psicosis. Nadie repara en que, para que una planta de estramonio perjudique a una persona, antes ha de ser ingerida por ella. Ni en que, a nuestro alrededor, en nuestros parques, jardines y arcenes, crecen y plantamos plantas considerablemente más peligrosas cuyo consumo es irremediablemente letal, como la adelfa, la melia, la cicuta, la thuya, etc… Y no seguimos porque nada más lejos de nuestra intención que despertar contra otras plantas una caza de brujas parecida a la desatada contra el estramonio. El verano, la época en la que podemos ver estramonios, pasó, y en otoño el terror a la Planta del Diablo comenzó a remitir. Ahora que policías y vecinos avispados habían aprendido a identificar a la planta maldita, esta se desprende de sus hojas y va desapareciendo por efecto de las heladas y de su ciclo biológico anual. Su presencia se va desvaneciendo de los solares y de las mentes, en las que próximamente dejará de existir. Pero en los esqueletos desnudos de lo que en verano fueron exuberantes y floridos estramonios se abren las espinosas cápsulas, dejando caer cientos de semillas negras que, ya en primavera, darán lugar a otra generación de plantas igual o más numerosa que la del verano pasado. Y a las que probablemente nadie prestará la más mínima atención —o quizá sí—. Y seguramente sea fruto de la imaginación, pero en algunas de las cápsulas abriéndose parece intuirse un rictus socarrón y cínico. Como burlándose de una especie cuya irracionalidad nunca deja de sorprender.



García González, Manuel; Corbacho Jiménez, Pepa. La bitácora de Humboldt (Spanish Edition) (p. 259). Editorial Libros.com. Edición de Kindle.

miércoles, 9 de noviembre de 2022

Aesculum hippocastanum y Castanea sativa

Peñaranda de Bracamonte, como casi todas la ciudades europeas, cuenta entre sus árboles de jardín con el Aesculum hippocastanum, comúnmente conocido como el Castaño de Indias. Lo cierto es que esta especie no tiene nada que ver con el castaño silvestre de la Sierra de Francia, Castanea sativa, ni tampoco ha venido de las Indias, teniendo su origen en el sudeste de Europa, en los Balcanes. El nombre de la especie, hippocastanum, tiene su origen en la costumbre que tenía los turcos de dar a sus caballo las castañas de este árbol para curarles del asma y aliviarles de la tos. Por otro lado, supongo que todos sabemos que las castañas de este árbol son incomestibles para los humanos. 


Frutos de Aesculum hippocastanum, con un sabor extremadamente amargo y una cobertura de los mismos que nada tiene que ver con los erizos de Castanea sativa. 


Floración de Aesculum hippocastanum. Las flores cambian a un tono amarillento cuando están polinizadas para indicar a los polinizadores que ahí ya no hay nada que hacer. 


Hojas de Aesculum hippocastanum. Salen varias de la misma yema, una de las principales diferencias con Castanea sativa, en el que de una yema sale una sola hoja. 

La corteza de Aesculum hippocastanum contiene cumarinas, una sustancia que, junto a los flavonoides, mejora la circulación sanguínea y alivia los dolores debidos a las hemorroides.

El fruto de Castanea sativa ha proporcionado durante generaciones el alimento básico a aquellas poblaciones que no tenían acceso al cereal, como por ejemplo las de la Sierra de Francia salmantina o El Bierzo leonés. 

Las castaña es un alimento con un contenido en grasas muy reducido, lo que le convierte en perfecto para quienes sigan una alimentación que restrinja su ingesta. Y, en cuanto a los hidratos de carbono, la cantidad de azúcares naturales es mínima. Dentro de los distintos tipos de frutos secos que existen, es uno de los más ligeros y, además, cuenta con la ventaja de que es rico en fibra, por lo que contribuye a evitar problemas de estreñimiento. En cuanto al aporte de vitaminas y minerales, las castañas aportan vitamina E, vitaminas del grupo B y ácido fólico, y dentro de los minerales, calcio, magnesio, potasio, hierro, fósforo, sodio, yodo, selenio y zinc, que le otorgan numerosos beneficios para la salud, como por ejemplo propiedades antiinflamatorias y vasculares.  Todo este aporte de nutrientes convierten a las castañas en un alimento perfecto para cuidar la salud, en particular para quienes necesitan un aporte energético extra, como las mujeres lactantes o quienes padecen de anemia.



Castanea sativa, de cada yema sale una sola hoja. 


Erizo de castanea sativa.


Erizos y frutos de Castanea sativa.

viernes, 28 de octubre de 2022

Papilio machaon y Foeniculum vulgare

Esta semana hemos podido disfrutar en el jardín del CEPA El Inestal de la presencia de orugas de Papilio machaon sobre una de sus plantas nutricias, el Foeniculum vulgare (Hinojo). 


La Papilio machaon es una de las especies de lepidóptero diurno europeo más vistosas y más fáciles de ver en la Península Ibérica. Tiene entre 32 y 80 mm de envergadura y se caracteriza por sus alas de color negro y amarillo crema. Las alas inferiores presentan ocelos en rojo y tienen colas, es por ello que en inglés se la llama swallowtail (cola de golondrina).


Las orugas disponen de coloración aposemática, es decir, presenta una coloración para tratar de intimidar a posibles depredadores y que pasen de largo. Destaca el color verde, negro y naranja.


Cuando se sienten amenazadas sacan un órgano anaranjado que tienen en la cabeza (osmeterio), algo parecido a los cuernos de un caracol. Realmente se trata de una glándula que emite un olor acre para intimidar a posibles depredadores.


El hinojo es una de las umbelíferas más corrientes de los campos de cultivo abandonados y márgenes de caminos. Se conoce por sus hojas divididas laciniadas, las inflorescencias de color amarillo-verdoso y, sobre todo, por su fuerte aroma a anís. Su bulbo se ha utilizado en ensaladas y sus hojas y semillas para eliminar los gases digestivos, de hecho, era costumbre añadir hojas de esta planta a las alubias para contrarrestrar sus efectos flatulentos.   


miércoles, 26 de octubre de 2022

¡Han vuelto las grullas!

Ya están llegando las familias de grullas a las lagunas de El Oso y al Azud de Riolobos (El Villar de Gallimazo). Han dejado sus territorios de cría del Norte de Europa para pasar el otoño-invierno con nosotros y evitar así los hielos y los suelos nevados de esas latitudes. Aquí encontrarán la seguridad que le ofrecen unas aguas someras que difícilmente se congelarán y que, en las largas noches, les permitirán oír el chapoteo producido por un zorro o cualquier otro depredador que se acerque a ellas. La bellota y los granos de maíz caídos tras la cosecha serán parte de su sustento hasta que nos dejen hacia mediados de marzo.


Ya hace muchos años que el maestro Félix nos contaba lo que las grullas nos dirían, si pudieran hablar, tras surcar el cielo europeo y ver lo que ocurría y lamentablemente sigue ocurriendo a nivel de tierra. 

lunes, 24 de octubre de 2022

Balcones verdes

Unos buenos consejos de parte del biólogo de cabecera del CEPA El Inestal, Raúl de Tapia Martín (Raúl Alcanduerca). 

domingo, 9 de octubre de 2022

Fotografías de Carmen Pérez

Agradecemos a la fotógrafa salmantina Carmen Pérez que con fines didácticos nos permita compartir por aquí sus fotografías y le decimos que será siempre bienvenida a nuestro centro para contarnos sus experiencias, que seguro que nos resultan amenas y educativas. 

https://www.facebook.com/carmen.perez.33671748


Busardo ratornero - Fotografía de Carmen Pérez


Milano real - Fotografía de Carmen Pérez


Águila culebrera - Fotografía de Carmen Pérez